Nota

Os recuerdo que, para asistir al seminario, es imprescindible haber leído el texto y haber escrito un comentario en el blog.
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martes, 18 de mayo de 2010

La serenidad

Todo llega a su fin: también los comentarios a estos dos magníficos libros.

Paso a señalar algunos lugares de interés de este último capítulo.
1. Consta en este capítulo la intimísima relación existente entre el "carácter inmanente del ser vivo" y "el vivir ético", es decir, la relavancia antropológica de esa nota metafísica de todo ser vivo.
2. Realismo ético: libertad con un punto de partida y libertad que configura la propia vida. Estas tesis superan con mucho la propuesta roussoniana relativa a la espontaneidad de la libertad; como también la falacia de la libertad como autonomía, en su referencia al orgien (partimos de algún sitio), y en su referencia al fin (nos dirigimos a la relación interpersonal, a la no-autonomía, a la no-independencia).
3. Responsabilidad, superación de toda frivolidad, necesidad imperiosa de "decidir atendiendo a lo real": "la propia actividad a lo largo del tiempo adopta la forma de destino. Quien no desee esto no podrá actual. Pero esto tampoco le servirá de nada porque la omisión se le convertirá en destino".
4. Las cosas más relevantes de nuestra propia biografía no son "elegidas", sino que "nos las encontramos". Cierto que nuestras decisiones son relevantes, pero se entrecurzan con otras tantas circunstancias no elegidas. O desesperamos de la relevancia de nuestras decisiones -todo queda sumido en el devenir histórico que está fuera de mi dominio-, o "acepto", "asumo" el sentido de lo que no elijo, pero "encuentro en el camino".
La cuestión es ¿Qué postura adoptar ante lo que "sucede"? Fanatismo, cinismo y serenidad.

En cuanto al cinismo, en primero os dije (creo) que los cínicos me dan miedo. La perspectiva que adopté respecto al cínico era la de su capacidad de mentir con la palabra y con el cuerpo. Aquí la mentira es "posición existencial" frente a la realidad. Tal vez se entienda aún más por qué hay que "huir" del cínico -Spemann propone combatirlo si se dedica a hacer daño-.

martes, 11 de mayo de 2010

Sobre la conciencia y la bondad de las acciones

Os propongo comentar los capítulo 6 y 7, de modo que el último día todos podáis ver con detenimiento el último capítulo y tengamos tiempo para hacer otras reflexiones de carácter general.

El capítulo quinto es especialmente interesante -aunque creo que los anteriores también lo han sido....-

El planteamiento es sencillo: "Hay que seguir la propia conciencia" y acto seguido: "La respuesta es correcta y, a la vez, conduce a error en su misma simplicidad"

Os planteo que desarrolléis los argumentos por los que la sentencia puede conducir a error, por qué no es suficiente, por qué puede llevar a actuar injustamente. Tal vez a alguno este problema le resulte insólito ¿Acaso no hay que seguir la propia conciencia? Pero ¿Qué es la conciencia? ¿Qué es la "buena voluntad"? ¿Basta decir que tengo buena voluntad para acertar? ¿Es lo mismo que no me dejen actuar en conciencia a que me obliguen a actuar contra la propia conciencia? ¿Actuaba Hitler según su conciencia? La dificultad conduce a la solución: como siempre, al principio de solución, porque siguen quedando puertas abiertas.

Tras el gran debate del capítulo anterior, la conclusión de Spaemann es la siguiente:
"Hemos visto que nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno,
aunque vimos también que no todo lo que se hace en conciencia es bueno; la
conciencia, en efecto, no es un oráculo, sino un órgano. Y como tal puede estar
mal orientada".

Parece que la propuesta kantiana se dirige hacia la "buena voluntad", pero no es suficiente. En todo caso, aparece una clara referencia a qué sea actual mal -asunto nada desdeñable, por otra parte- y por otro lado una explicitación interesante sobre a qué podemos llamar realmente buena voluntad. Con esto, cerramos algo más lo dicho hasta el momento. Ahora parece que nos aproximamos al núcleo de todo el libro:

¿Qué hace a una acción buena?
¿Qué es lo bueno, qué es el bien?
¿Es el bien un "ideal"?
¿Qué relación hay entre bien y "realidad" y "dignidad"?
¿La obligación moral de "hacer el bien" y "hacer lo mejor" se identifican?
Es decir, el límite superior e inferior relativo a lo bueno ¿qué criterios sigue?
Una sentencia clásica os hará, seguro, reflexionar "operatur sequitur esse", esto es, "el obrar sigue al ser".

No os "atosigo" con más preguntas. Seguro que vosotros véis muchas más cosas. Un cordial saludo.